Arturo es un gran hombre que lleva un niño muy sensible en su interior. Le fascina platicar y platicar y platicar, creo que en eso coincidimos como pocas parejas. Generalmente está lleno de energía, contento, aunque también tiene la costumbre de preocuparse por todo y agendar hasta los asuntos más intrascendentes con mucha anticipación. Es un apasionado de la vida. Se enoja con los titulares de periódico y hasta los interpela; desayuna con refresco, no con leche; grita cuando está contento; pretende ostentar un aire provinciano, como norteño, en plena ciudad; es caballeroso, al principio se sonrojaba cuando yo decía una grosería; le gusta la historia de México y es capaz de comprar cualquier producto conmemorativo, desde un libro hasta un frasco de cajeta con José María Morelos. Cuando da alguna conferencia está en su elemento, sus cejas lo dicen todo. Le gusta posar para que lo dibuje, aunque si ya es muy noche acaba dormido. Suele decir que yo lo inicié en el vicio del Oporto con aire orgulloso. No le gusta la ensalada de pepino, vaya usté a saber por qué. Suele hacerse el fuerte cuando va a enfermarse, típico, no es nada, me siento bien. Para variar, quiere ser papá. Es genial, apocalíptico, hiperactivo, inquieto, muy enamorado, cariñosísimo. Lo amo.
Qué pienso de ella
Paola es un policromo de actitudes y de visiones, es la catedrática, la artista (pinta mil veces mejor de lo que reconoce), la jefa, la académica, pero también es una mujer llena de ternura, hacendosa, a la que le gusta el orden en los detalles y de pronto actúa como una niña pequeña a la que hay que mimar. Me encanta su actitud de control y seguridad que en ocasiones cubre más temores de los que ella misma quiere reconocer, para todo existe una determinación, una razón lógica o una jugarreta del inconsciente, parece de repente negar la posibilidad de que el azar o el instinto rijan, pero un buen día se levanta y te invita lo mismo a tomar un café que a escalar el Himalaya; cuando habla de su trabajo sus ojos brillan con intensidad y se apasiona, sobre todo si se trata de hablar de la cultura e idioma portugueses, aunque con acento a lo carioca; cuando quiere manifestar que algo le resulta agradable o importante se expresa en un inglés muy propio y de pronto concluye con una frase en español; adora la cocina, se imagina que está en Iron Chef a la hora de ponerse el delantal y tomar los ingredientes y dejar fluir su imaginación; le infarta que prefiera unas tortas de charal y charanda a un plato gourmet (aunque por ella me inicié en el Oporto); más apegada a la familia de lo que en el discurso acepta, le encanta la idea de formar una familia con uno o dos hijos aunque a veces teme si estaré preparado para ejercer de padre o tendrá que darme un diplomado intensivo; quiere tener mucho control de lo que pasa y de pronto es capaz de improvisar una actividad, le encanta salir a correr, pero le cansa caminar; a veces es indecisa para elegir algunos objetos, pero se mueve como pez en el agua al planear un viaje…Por eso y muchas cosas más la amo (y ajuuuuaaaaaa).

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